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lunes, 1 de febrero de 2010

Haití, el racismo mundial y las mujeres


El terremoto que sacudió a Haití le movió al mundo los viejos cimientos del racismo al que han sido sometidos los habitantes de esa tierra, por siglos de siglos. Los imperios de Francia y Estados Unidos y algunos colonizados y neo colonizados de muchas tierras, incluyendo a los de la Ínsula, continúan sintiendo desde el 12 de enero, el seísmo que sacude la conciencia.

Tan cerca y tan lejos, desde antes del terremoto, en República Dominicana los confinan a bateyes de caña de azúcar donde los esclavizaban. Cuando sus hijos nacen allí, en tierra de José María Peña Gómez, no les otorgan la ciudadanía dominicana sin que ningún organismo internacional se haya inmutado. De hecho, dicen que Peña Gómez no ganó las elecciones presidenciales de la República Dominicana porque los votantes lo catalogaban de “ese negro haitiano”, sosteniendo en su lengua el racismo que esa comunidad tiene con sus vecinos. Miedos, racismos y fobias, que salieron de entre las cabezas cuando la tierra tembló y con ese movimiento, la lengua se soltó y ahora todos tienen algo que decir de Haití.

En Puerto Rico, a los haitianos se les aísla a la convivencia en guetos, con casas de campaña que funcionan como tiendas de artesanía en la carretera 187 de Piñones, de la mano con la comunidad de negros de la costa insular a la que también muchos boricuas señalan con el dedo del racismo y el prejuicio.

Pero además de revivirse el racismo, también se ha desatado la solidaridad. En esa tierra donde la violación es un delito desde el 2005, hay miles de mujeres y niñas que han sufrido la violencia de estado, la callejera, la de las gangas que trafican con ellas y esa otra violencia mundial que las invisibiliza. A esas mujeres, cuyas tres principales defensoras, Ann Marie Corolian, Myriam Merlet y Magalie Marcelin, murieron en el seísmo, hay latinoamericanas con conciencia, incluidas puertorriqueñas y dominicanas, que quieren asegurarles un intento de vida en paz.

Para ello han levantado Campamentos Feministas en Jimaní y en la provincia de Pedernales, ambas colindantes con Haití. En esos campamentos hay ayuda médica y se busca dotarlos también de expertos en desastres para manejar la salud mental de las sobrevivientes. Además, estos campamentos constituyen una forma de expresar solidaridad con las haitianas, tender puentes de comunicación con la comunidad internacional, denunciar las injusticias y violencias que contra ellas se cometen y proveerles mecanismos de seguridad.

La necesidad de medicamentos para los campamentos feministas es urgente. Antibióticos, pastillas anti conceptivas, insulina, medicamentos para combatir presión arterial, para contrarrestar infecciones vaginales, son los más reclamados. Toallas sanitarias y productos de higiene femenina.

A esos campamentos se puede cooperar enviado dinero al Colectivo Mujer y Salud de República Dominicana. Cuenta Núm. : 010-251497-7 Código: BRRDDOSD, Banco de Reserva República Dominicana, Calle Isabel La Católica 201, Santo Domingo.

El trabajo de las feministas latinomericanas por Haití a penas comienza. Desde Insula nos solidarizamos con ese gesto de cooperación que se coloca del lado de la solidaridad y de la conciencia de igualdad. A los que insisten en someter a las haitianas y a los haitianos al prejuicio y al discrimen, vaya nuestra censura.